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El Juego como Adicción

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plsLos jugadores se clasifican en cuatro categorías.
El jugador casual. Frecuenta el azar sólo ocasionalmente y arriesga sumas relativamente bajas. Para él, el juego no pasa de ser un entretenimiento placentero que ocupa un lugar insignificante de su vida.


El jugador fuerte.
El juego también es fuente de placer y esparcimiento, pero le dedica tiempo y dinero pues ocupa una parte importante de su vida, aunque no tanto como la familia o el trabajo.

El jugador dependiente.
Juega para aliviar su ansiedad y sus tensiones, para huir de todo lo que oprime. Puede llegar a descuidar sus responsabilidades familiares y económicas, pero rara vez pierde totalmente el control de sus actos. Es capaz de reaccionar cuando sus pérdidas comprometen su experiencia familiar.

El jugador compulsivo.
No es dueño de sí mismo. La fuerza de voluntad ya no existe en él y es incapaz de reprimir la pulsión interior que lo empuja a jugar. Es un adicto al juego, pero también lo es al desafío, al riesgo, a la emoción, al estrés, al autocastigo que aquél conlleva. Es un enfermo que se desbarranca inevitablemente hacia la autodestrucción (el suicidio es muchas veces el final del camino) y la de su familia a menos que reconozca su situación y decida buscar ayuda.
Aunque se ha sugerido cierta caracterización del jugador compulsivo potencial (inteligencia superior, humor volátil, gran energía, hiperactividad, gran energía, gran tolerancia al estrés, ansiedad, depresión, sentimientos de desesperanza e impotencia, etc.), lo cierto es que nadie que juegue puede estar seguro de que no se volverá un adicto.
Algunos se dan cuenta de que son presa del juego desde la primera apuesta. Otros llegan a la adicción un año después de haber comenzado. En otros casos, la pérdida de control se manifiesta recién después de 5,7, 10 o hasta 20 años de juego.
Existe una gran similitud entre el juego compulsivo y adicciones como el alcoholismo. En ambos casos, la única salvaguarda o garantía consiste en no empezar.
El gran dilema de los que, habiendo jugado o no, nunca han conseguido nada de otra manera que no sea trabajando es saber si lo que tienen en su haber es una descomunal buena suerte acumulada, intacta, o mala suerte crónica. Habrá que aprender a convivir con la duda mientras exploramos alternativas menos riesgosas que el azar para acceder a la realización y a la dignidad.
Hará falta para ello un cambio de mentalidad en la toda la sociedad. Un cambio promovido con responsabilidad desde las autoridades o más bien nuestras familias o amigos que son las personas que eligen marcarnos los errores para accionar en la vida de la manera más correcta.

 
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