¿Qué es la diabetes?¿Puede un niño padecerla? ¿Es hereditaria? ¿Cuál es su tratamiento? La diabetes es una enfermedad que afecta el metabolismo de los alimentos, provocando una incapacidad en mayor o menor grado.
Está causada por un déficit de insulina, hormona segregada por el páncreas, ubicado en el abdomen y que cumple otras funciones trascendentes para la digestión.Cuando ingerimos alimentos, el proceso digestivo los transforma en un azúcar químicamente llamado glucosa. Esta sustancia se obtiene no sólo de los hidratos de carbono (azúcares, almidones, etc.), sino también de las proteínas y las grasas en una proporción menor, el 60% y el 10% respectivamente. La glucosa obtenida viaja con la sangre por todo el organismo y está destinada a proveer de energía a todas las células que la requieran para su utilización inmediata. Sin embargo, una gran parte de la glucosa obtenida excede dichas necesidades, por lo que el organismo la convierte en glucógeno para poder almacenarla en el hígado y en los músculos y utilizarla en otro momento.
El organismo es incapaz de utilizar o almacenar glucosa sin la intervención de la insulina. Esta hormona interviene para convertir la glucosa en energía mediante el metabolismo celular de todo el organismo. La diabetes consiste en una reducción de la producción de insulina, que puede llegar a ser virtualmente total y que impide la utilización y almacenamiento de la glucosa, por lo que aumenta su concentración en la sangre (híperglucemia). Cuando este exceso sobrepasa cierto nivel, la glucosa pasa a la orina (glucosuria), y este hecho siempre es patológico; por lo que un análisis de orina que demuestre la presencia de glucosa en ese medio, requiere una consulta médica inmediata, a menos que el paciente ya tenga el diagnóstico de diabetes y esté bajo supervisión médica.
Los síntomas que presenta un diabético dependen en general del nivel de glucosa en sangre. Por la gran extracción de líquidos que provoca la híperglucemia, aumenta la cantidad de orina excreta. Esta se traduce naturalmente en un aumento del número de micciones diarias que el diabético nota de inmediato. Por otro lado, el líquido extraído de los tejidos debe reponerse, y esto determina un aumento de la sensación de sed y el consiguiente aumento de la ingesta de líquidos.
Otro síntoma deriva del deficiente aprovechamiento de los alimentos, lo que provoca pérdida de energía, debilidad y cansancio frecuente. Aumenta el apetito, pero aunque se coma más, suele perderse peso. Esto no se da en todos los casos. En los diabéticos adultos suelen coexistir la obesidad y la diabetes.
Cuando la enfermedad ha avanzado y los controles son insuficientes o nulos, pueden aparecer algunas complicaciones graves que afectan la visión, la función renal, la circulación arterial y los nervios periféricos. Muchas veces, esto suele determinar un cierto grado de incapacidad, que en algunos casos es de extrema gravedad. Lo importante es saber que si la glucemia se mantiene dentro de valores bajos mediante un tratamiento adecuado, la incidencia de estas complicaciones se reduce sensiblemente hasta su virtual desaparición.








