1. No serán dictatoriales. Cuando una persona utiliza la técnica de la agresividad para dominar al cónyuge, revela su inseguridad interior. La presión dictatorial produce el efecto opuesto al deseado.
2. No serán “no-comprometidos”. Algunos prefieren “volar” antes que “estallar”. Piensan que si tienen dificultades para encarar un problema, lo mejor es irse a pasear un rato para evitar la discusión.
A veces puede ser una medida sabia, pero alejarse de los problemas es una manera más bien superficial de evadir algo más profundo, que necesita ser arreglado.
3. No serán históricos. Un marido, molesto con su esposa, le contó una vez un amigo:
– Anoche mi mujer y yo discutimos terriblemente, y ella se puso histórica.
– No – dijo el amigo –, histérica, querrás decir.
– Quiero decir histórica – insistió el marido –. Ella sacó a relucir todos los errores que he cometido en la vida.
No haga de un agravio el motivo para sacar a luz los problemas del pasado. Déle una estocada al asunto del momento, ¡y luego olvídelo!
4. No serán invencibles. Algunos tienen una necesidad compulsiva de estar siempre en lo cierto. Nadie está siempre en lo correcto. El matrimonio es un ir y venir de propuestas en las que están involucradas dos personas, dos voluntades, dos puntos de vista.
5. No se prestarán al espectáculo. No permitan que sus problemas tomen estado público. Guarden en la intimidad sus confidencias matrimoniales. Las discrepancias deben ser propiedad privada en el matrimonio.
6. No serán letales. No hagan de una discusión la oportunidad para “asesinar” la personalidad del otro. Ataquen, sí, el problema.
7. No serán orbitales. No den vueltas sobre el mismo asunto vez tras vez. No entren en el círculo vicioso de señalar siempre los mismos problemas.
8. No serán olvidadizos. Recuerden los primeros días felices de recién casados y todo lo que entonces el uno significa para el otro. Piensen en el amor que se prometieron para hacerlo crecer y florecer.
9. Serán piadosos. Tengan una fe común. Busquen juntos a Dios. El esposo que ora para ser un mejor esposo es un mejor esposo y viceversa. Permitan que sus conceptos espirituales contribuyan a la solución de los problemas conyugales. “Si se enojan, no pequen; y procuren que el enojo no les dure todo el día” (Efesios 4:26) Y en la “pizarra” del alma se borrará todo enojo.
10. Serán bondadosos. El sendero que lleva a la paz del corazón y la armonía conyugal se resume en este pasaje de las escrituras: “Echen fuera la amargura, las pasiones, los enojos, los gritos y toda clase de maldad. Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense unos a otros, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo” (Efesios 4:31, 32).








