Cualquier hábito que hace que tu cónyuge se sienta desdichado amenaza el amor y la seguridad de la relación entre ambos. Un acto aislado puede ser tolerado, pero cuando los hechos desconsiderados se repiten y llegan a ser previsibles, el daño a la relación se multiplica.
HÁBITO DESTUCTOR 1
El Regaño Incisivo y Persistente.
Uno de los destructores más comunes del amor que usan las mujeres –aunque los hombres no están exentos de él– son las quejas condenatorias o regaños constantes. El diccionario define la quejumbre como “atormentar mediante la queja persistente y el continuo encontrar defectos”. El sabio Salomón dijo: “Gotera continua en el tiempo de lluvia y la mujer rencillosa, son semejantes; pretender contenerla es como refrenar el viento, o sujetar e aceite en la mano derecha” (Proverbios 27:15, 16).
Un notable psicólogo hizo un estudio detallado de miles de matrimonios y encontró que la quejumbre –el regaño incisivo y persistente– era el peor defecto de las esposas.
Las mujeres muchas veces consideran que ofrecer un consejo o quejarse son gestos de amor. Los hombres no. Las mujeres deben aprender que hay un código tácito bajo el cual operan los hombres: un hombre le ofrece consejo al otro sólo cuando específicamente se le pide que lo haga. Por respeto del uno hacia el otro, los hombres dejan que los demás resuelvan sus problemas ellos mismos a menos que se les pida ayuda.
HÁBITO DESTUCTOR 2
Los Arranques de Ira.
Los arranques de ira son cada vez más que un intento por castigar al cónyuge por haber hecho algo que nos desagrada. En un momento de ira tratamos de “enseñarle” a la otra persona una lección diciéndole algo que la hiere. Cada uno de nosotros tiene un arsenal de armas privadas que usamos cuando las necesitamos. Estas armas pueden tomar la forma de gritos, humillaciones, críticas o apodos sarcásticos. Algunas parejas llegan a decirse malas palabras, a darse golpes, tirarse cosas.
Cada uno tiene la capacidad de herir al cónyuge más profundamente que ninguna otra persona. Nuestro cónyuge es extremadamente vulnerable a nuestra ira.
Es posible que tú pienses que lo que tu cónyuge hizo justifica tu ira. A pesar de que hay ocasiones cuando la ira sí se justifica, en la mayoría de los casos es deplorable y usualmente causa más problemas de los que soluciona. Aunque la ira resuelva el problema inmediato, en toda probabilidad crea más problemas de los que resuelve. Mientras más enojado estés, más insultos proferirás durante el arranque de ira, y más devastadores serán los resultados para la relación. Los arranques de ira no solo hieren al cónyuge al cual se dirigen, sino que igualmente ponen en ridículo al cónyuge que está enojado.
Por lo general los hombres pueden tolerar los arranques de ira mejor que las mujeres. Ellas aguantan menos, ya que son más sensibles y emocionales. No solo es posible herir más fácilmente a la mujer mediante palabras airadas, sino que a ellas les toma más tiempo recuperarse. Recuerda, cada vez que la ira triunfa en el matrimonio, lo hace a expensas del amor conyugal.
HÁBITO DESTUCTOR 3
La Crítica.
La crítica constante o el desdén, por parte de cualquiera de los conyugues, son anunciadores de naufragio matrimonial y hasta de divorcio, y crean un circulo vicioso. La esposa crítica o acusa al esposo; el esposo se pone a la defensiva y se retrae de la discusión o se defiende atacando de vuelta. El resultado de la pelea sumamente destructiva que puede terminar en una batalla verbal o abuso físico.
Una vez que esto ocurre, las discusiones adicionales son inútiles y los cónyuges deben detenerse hasta que se hayan calmado. Es probable que se necesite la intervención de una tercera persona para ayudar a la pareja a controlar este ciclo negativo.
HÁBITO DESTUCTOR 4
Costumbres Irritantes y Conductas Molestas.
Hay más mujeres que encuentran a su esposo irritante, que maridos que consideran a sus esposas fastidiosas.
Los hombres generalmente entran a la relación diciendo: “Me siento como un rey cuando estoy con ella. Es maravillosa. Espero que nunca cambie. Con ella siempre quiero sentirme así”. Este sentimiento es el que empuja al hombre hacia el matrimonio. Él quiere ser el héroe de ella por el resto de su vida. Pero una vez que la mujer se concentra en las debilidades del esposo y trata de cambiarlo, el amor comienza a morir.
No importa si el hombre o la mujer el que tiene la tendencia de cambiar a los demás, el resultado siempre será un efecto negativo sobre el matrimonio.
Cuando estamos molestos por la conducta de otros, consideramos que son fastidiosos, inconsiderados y egoístas. Pero cuando nuestra conducta molesta a otra persona, insistimos en que tenemos el derecho de actuar como queremos y que la otra persona debería aceptarnos como somos.
Los hábitos irritantes y las conductas molestas afectan al matrimonio en forma muy parecida a los otros comportamientos.
Esta aseveración se aplica a los dos sexos. Todos anhelamos recibir la aceptación en cantidades enormes. Pero al hombre le resulta particularmente hiriente que su esposa trate de cambiarlo, porque esto corroe su necesidad primordial de ser apreciado, admirado y aprobado. Es posible que las necesidades básicas del hombre sean satisfechas mientras su esposa está tratando de cambiarlo.
Para la mujer este es un concepto extremadamente difícil de entender. En algunos casos pareciera casi como si un poder invisible la obligara a la mujer a señalarle a su esposo sus errores o a tratar de cambiar algún comportamiento de él. Procurar cambios en la relación y mejorarla es una reacción natural para la mujer. Aunque la relación sea buena, a menudo las mujeres ven la forma en las cuales ellas creen que la relación podría mejorar si tan sólo su cónyuge hiciera esto o lo otro. A pesar del hecho de que ella devotamente ama a su esposo y piensa que es “maravilloso”, todavía siente la inclinación de mejorarlo.
Cuando se dedica a su “Plan de mejorar al Esposo”, la mujer está motivada por el amor. Pero su cónyuge no lo percibe como amor, sino como un rechazo y una manipulación. Y parece que la reacción masculina más común a este tipo de falta de aceptación es la resistencia.








